Wilder Herrera

El cuidado de uno, el cuidado de todos

Enero 26, 2022

Entre la pandemia y las múltiples crisis mundiales y locales, las ciencias sociales y las humanidades han puesto su mirada en el cuidado del hombre, de las instituciones y de las organizaciones de la sociedad. También en la importancia de escuchar para saber y de aprender para argumentaro.

Octavio Gómez, Colaborador Revista Universidad EAFIT.

Solamente cuando las calles se quedaron desiertas por la cuarentena para frenar la expansión del COVID-19 y las imágenes de las salas de unidades de cuidados intensivos empezaron a mostrar a los contagiados conectados fue que la sociedad se dio cuenta de que el cuidado colectivo era la clave para sobrevivir.

Y es que, hasta abril de 2020, solo una minoría entre los 7.800 millones de personas que habitamos la Tierra era consciente de que la ciencia, toda, la humana, la de la salud, la básica, la social, la exacta, estaba volviendo sobre sus primeros pasos: poner en el centro de su atención el cuidado del ser humano.

La declaración de pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue el cimbronazo general, pero en la academia, en los laboratorios, en las reflexiones científicas ya sonaba la alarma porque los síntomas eran evidentes: la crisis climática, las permanentes y cada vez más fuertes recesiones en las economías más poderosas del mundo, la inatajable escalada bélica y el deterioro de los ambientes de convivencia y seguridad en las grandes ciudades –entre otros fenómenos estructurales– fueron anuncios que no se pudieron ignorar más.

Todo lo anterior derrumbaba el mito de que el alto desarrollo tecnológico iba a ser la punta de lanza de la batalla por un mundo mejor.

Pregunta por el hombre

La pandemia fue la alerta general para algo que ya estaba pasando en el mundo, afirma Mariantonia Lemos Hoyos, doctora en Psicología y profesora del Departamento de Psicología de EAFIT.

“Independientemente del alto grado de desarrollo tecnológico que tengamos, hay unas preocupaciones que van emergiendo y que no pueden ser solucionadas desde ese punto de vista como tal o mediante soluciones biológicas o técnicas específicas, sino que se tiene que empezar a hacer una pregunta por el componente humano”, explica.

Agrega que tras décadas de un desarrollo científico en el cual el centro se puso en “el conocimiento per se”, volvieron las preguntas sobre el ser humano porque “es importante volver a estudiarlo para entender los fenómenos que median su comportamiento, los fenómenos sociales, para ayudarnos a resolver ciertas situaciones que tenemos hoy”.

El problema colombiano es, sin embargo, más complejo. A las dificultades generales que impuso la pandemia se unió el ambiente de malestar social ocasionado, primero, por los efectos de aquella y, segundo, por la aplicación de políticas económicas lesivas para muchos grupos de la población. Y miles se fueron a las calles, a pesar del miedo al contagio –o por él– y se produjo una escalada de protestas sociales.

Adolfo Eslava, decano de la Escuela de Humanidades de EAFIT, en su reflexión Deseos desde la crisis, señaló que “no estamos en una época de cambios sino en un cambio de época, es un momento de crisis de la humanidad que tenemos que enfrentar sin indolencia y sin desfallecer [...] es ocasión de revertir la tendencia de un ecosistema que gravita alrededor de la técnica, el algoritmo y la optimización para situarlo en la órbita de los hábitos y hábitats esperanzados y esperanzadores”, en alusión tanto a la crisis global de salud pública como a la nacional de la vida social y política.

El abogado Santiago Londoño Uribe, magíster en Ordenación del Territorio, Urbanismo y Medio Ambiente de EAFIT y responsable del proyecto "Tejeduría Territorial” reconoce “una fractura y una fragmentación y la preeminencia de algunos actores sobre otros; el Estado, el Municipio, creció y se fortaleció, pero al mismo tiempo desplazó a muchos otros actores en los territorios”.

En el documento Comunicar para transformar, de la maestría de Estudios del Comportamiento, de EAFIT, se expresa que “la situación pandémica ha puesto el foco en asuntos auténticamente comunes: la salud pública, la seguridad humana, la reactivación social y económica”.

En la coyuntura se iban reuniendo tres conceptos básicos: cuidado, cambios de comportamiento y conversación, todos puestos en la mira de iniciar procesos de transformación en la sociedad.

Tejer el territorio

El abogado Santiago Londoño Uribe y el rapero Aka (Luis Fernando Álvarez Ramírez), de la comuna 13 de Medellín, desarrollaron en su tesis de maestría, Tejer el territorio: procesos de gobernanza urbana comparados en la producción de bienes comunes en la comuna 13, una propuesta de trabajo para, mediante la conversación, volver a construir confianza entre los sectores sociales.

Bajo el patrocinio de Proantioquia y con el apoyo de EAFIT, la metodología propuesta se convirtió en un encuentro social que Londoño llamó "Tejeduría Territorial" y que, en comienzo, se ejecuta en las comunas 13 (San Javier) y 8 (Villa Hermosa) de Medellín.

Londoño recuerda las experiencias que, en los años 90, vivió la ciudad a instancias de la hoy desaparecida Consejería Presidencial para Medellín que propició grandes encuentros con todos los sectores de la sociedad local para buscar salidas a la crisis de aquellos años provocada, entre otros factores, por los efectos del narcotráfico.

La Tejeduría es más pequeña, incluso íntima. La primera fase consistió en el diseño metodológico de los encuentros y en la identificación de los actores invitados: cuatro líderes del territorio, cuatro organizaciones sociales con presencia en sus barrios e historia de trabajo, y cuatro empresarios.

La invitación es a convensar

Esa conversación se debe desarrollar en tres fases:

La primera se llama “Reconocimiento y construcción de confianza”, que arrancar a partir del ser humano: “Identificamos una fractura, una fragmentación, que ha generado una profunda desconfianza entre los actores, que va acompañada de prejuicios”, explica Londoño. Su duración se previó en tres meses.

La segunda fase se produce cuando “ya empezamos a conocernos, ya sabemos qué hace cada uno, estamos en este territorio; ahora, ¿qué podemos hacer juntos? Ahí comenzamos a recopilar procesos de planeación local, que en Medellín hay muchos”, dice Londoño.

“Y una tercera es la acción y la ejecución. Ya nos conocimos, construimos confianza y entendemos quiénes somos, estamos sobre un territorio que conocemos mejor porque estamos trabajando ahí; planeamos y diseñamos proyectos; en esta parte vamos a buscar recursos y a ejecutarlos. Esa es la tejeduría”, puntualiza.

“No estamos en una época de cambios sino en un cambio de época, es un momento de crisis de la humanidad que tenemos que enfrentar sin indolencia y sin desfallecer”. Adolfo Eslava, decano de la Escuela de Humanidades de EAFIT.

Cuidado de todo, cuidado con todos

La profesora Lemos Hoyos explica que la “cultura del cuidado” apareció en la medicina cuando, superados los avances en los tratamientos de las enfermedades infecciosas con el uso de antibióticos, la atención se desplazó hacia las enfermedades crónicas que, aunque no en su totalidad, son prevenibles en fases tempranas y están mediadas por el comportamiento.

“Al cuidar al ser humano como tal, su calidad de vida, su bienestar, la palabra salud empieza a ser muy importante. Pero esa palabra no diferencia entre lo mental y lo físico porque entiende al ser humano como una unidad”, indica. “Cuando hablamos de cuidado lo entendemos como mejorar la calidad de vida del individuo, desde lo individual, social y cultural”, agrega.

Sin embargo, el problema no solo atañe a las ciencias. “Los seres humanos no somos tan racionales ni tan lógicos como se había creído. Entender de qué manera nos comportamos y por qué a veces nos comportamos tan distinto de como decimos que lo vamos a hacer nos daría la clave para abordar por qué se producen y cómo intervenimos esos fenómenos sociales”, dice Mariantonia Lemos. Asimismo, advierte que esas diferencias entre pensamiento y acción son las que pueden ocasionar un desastre incalculable.

Entonces, para lograr cambios en favor del cuidado urge que se aborde el problema central: iniciar una conversación entre la sociedad, el Estado, lo público y lo privado, con la presencia de la academia.

La profesora Lemos Hoyos afirma que “en este momento se vuelve urgente y necesaria la conversación entre los agentes de lo privado y lo público, para definir cuáles deberían ser las prioridades de trabajo. Porque podemos tener las prioridades que se han trazado desde las agencias internacionales o el Gobierno Nacional, pero es necesario tener en cuenta a todos los entes de la sociedad”.

La academia, sostiene la doctora Lemos Hoyos, interviene en esas agendas, pero no tiene la capacidad ni el rol de definirlas: “El individuo, el grupo social que estamos tratando de intervenir, debería estar presente desde la conceptualización del problema para definir, precisamente, si es un problema”.

 

El cuiado de todos es un compromiso que debemos afrontar como sociedad de cara al futuro. Foto: Róbinson Henao.

 

Academia y participación

José Antonio Fortou, jefe del pregrado de Ciencias Políticas de EAFIT, escribe en el documento Reflexiones desde nuestra Escuela de Humanidades que la conexión entre los científicos de la política y las políticas públicas se logra “solo si entendemos de manera rigurosa las causas y los efectos de los fenómenos políticos (y así) podemos proponer alternativas eficaces y colectivamente benéficas”.

La profesora Juliana Montoya Arango, jefa del pregrado en Diseño Urbano y Gestión del Hábitat, en su reflexión De la protesta a la propuesta afirma que el programa que ella dirige abrió un espacio de “catarsis, escucha y propuesta” como respuesta académica a la movilización social de abril pasado.

Y formula el planteamiento que quieren desarrollar las ciencias del cuidado de la sociedad: “Se percibe mucha polarización y muchas personas no quieren opinar porque creen que van a ser atacadas o que sus opiniones no van a ser respetadas. ¿Cómo promover la escucha y la diversidad de miradas?”

Una de las respuestas la desata su colega Mariantonia Lemos: “La participación del otro es fundamental porque nos permite que las intervenciones sean más eficaces y prácticas para ese individuo”.

Para ella, el concepto “participación” está presente en todo momento y “nos habla de la importancia de que estos estudios impliquen trabajar con esas sociedades y que no sean soluciones externas a las que estamos acostumbrados en América Latina, de imponer un modelo y de esa manera tratar de acabar con un problema”.

La universidad y la medición

El papel de la universidad –superando los roles institucionales de docencia, investigación y extensión– se plantea como el de propiciador y facilitador de “los espacios de conversación entre lo público, lo privado y lo social porque somos más neutrales. No somos los protagonistas de esa conversación, ellos deberían ser la sociedad, los líderes, que son quienes deben definir cómo trabajamos esos asuntos”, indica la profesora Lemos Hoyos.

“Los espacios de conversación que se han dado en las universidades son fundamentales y la manera en que se han llevado a las calles, o cómo llevar las conversaciones, se vuelven fundamentales para desescalar la violencia con la conversación y que podamos definir a qué dedicarnos a trabajar”, añade. Pero, en los ambientes de polarización o de incredulidad sobre los efectos de la pandemia, la conversación pasa por saber conversar, es decir, por desarrollar la capacidad de argumentación.

El doctor en Filosofía y jefe del Departamento de Humanidades de EAFIT, Júlder Alexander Gómez Posada, explica que existen diferencias entre la argumentación teórica y la práctica. “Agrupamos como argumentación teórica la que se ofrece con el propósito de saber qué es verdad o, por lo menos, qué es aceptable como descripción. Algo es teórico cuando es contemplativo, cuando pretende decir cómo es el mundo. En cambio, agrupamos como argumentación práctica los esfuerzos por dar razones a favor o bien de la adopción de un compromiso práctico”, explica Gómez Posada.

En el tema del cuidado de la sociedad y la persona, la ciencia supera su papel teórico y, cuando existe un fin social, debe divulgar información científica para conseguir que los ciudadanos la acepten y se comporten de acuerdo con ella.

La situación vivida en la pandemia puso de presente esos retos de la ciencia. Tan importante como desarrollar los procedimientos para tratar a los contagiados, la ciencia enfrentó el reto de desarrollar la vacuna en tiempo récord para prevenir la enfermedad.

Y, tan importante como esos desafíos, se vivió el de divulgar los cambios de comportamiento necesarios para disminuir la velocidad de contagio. “El científico está formado para investigar y discutir con sus colegas, no para comunicárselo a la gente y la gente no sabe cómo evaluar lo que le dice un científico”, advierte el profesor Júlder Gómez.

Ese “abismo” no solo se presenta entre las ciencias “duras” y la sociedad. Para las ciencias humanas también surgen retos parecidos. El profesor Santiago Londoño Uribe señala que el primer objetivo de su trabajo es acercar a los distintos actores sociales distanciados por la desconfianza mutua para darles instrumentos para reconstruirla: “Y eso es mediante la conversación, la cual implica escucha. Ella es más íntima, más cercana”.

El papel de la universidad, enfatiza la profesora Lemos Hoyos, está arrojando un resultado positivo entre sus investigadores: “Estamos dejando de tener diferencias tan fuertes en que solo podíamos trabajar en lo cualitativo, lo cuantitativo o el método de la investigación-acción participativa, como si fueran tres líneas distintas.

Estamos entendiendo cada vez mejor que la investigación y sus métodos no pueden ser tan divergentes, sino trabajar con metodologías mixtas que nos permitan tener una relación más horizontal en la investigación y la intervención”.

La profesora concluye que, para lograr avances en el cuidado de la sociedad, la ciencia y sus investigadores deberán salirse de “sus cajoncitos” (en referencia a los saberes específicos) “para entablar conversaciones, incluso dentro de la academia”. Porque lo que está en juego es el cuidado de todos. Que es el cuidado de cada uno.

 

Aprender a comunicar

Explicar los resultados de una investigación o presentar las líneas fundamentales de una teoría es diferente a convencer a alguien de asumir una postura o de cambiar un comportamiento. Esa, en general, es la línea que separa la argumentación teórica de la argumentación práctica, el área de trabajo del profesor Júlder Alexander Gómez Posada.

“Hay que empezar a hablar más de lo que implica comunicarle a la sociedad el resultado de la investigación teórica. Por ejemplo, los médicos, los abogados, los ingenieros o los artistas deberían ser conscientes de que nadie les está entendiendo nada cuando hablan de su ciencia, de su ingeniería o de su arte”, señala Gómez.

Pero también hay que formar a la sociedad. “A la gente hay que darle criterios para evaluar una cosa como educación cívica... Los científicos, los ingenieros, los artistas, que son buenos, inteligentes y razonables, no son la autoridad. La autoridad depende de unos métodos, de unos procedimientos... Y son las sociedades de científicos, las comunidades académicas las que avalan. En este momento no es hacer lo que un científico diga, sino preguntarse cuál es el consenso de la comunidad académica”.

El filósofo es contundente: comunicar la ciencia se deberá convertir en otra disciplina científica.

 

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Ocho líneas de investigación en salud mental emergentes con la pandemia

Enero 26, 2022

Las áreas abarcan temas que van desde el autocuidado, el comportamiento y el regreso a espacios como el laboral y escolar hasta análisis de los impactos causados por las ideas que promueven los movimientos antivacunas.

María Dilia Reyes, Colaboradora Revista Universidad EAFIT.

El COVID-19 no solo es, en sí mismo, un objeto de investigación. También puso sobre la mesa temas poco explorados e, incluso, muy poco pensados, en especial en salud mental. Su llegada reordenó y modificó la agenda de la ciencia a nivel mundial y abrió la puerta a análisis también desde las ciencias sociales.

“Cuando empezó la pandemia la pregunta era: ¿cómo esto nos va a afectar la salud mental? Este interrogante ha orientado investigaciones que se han ido haciendo de forma simultánea de acuerdo con las distintas etapas de esta emergencia sanitaria”, asegura Mariantonia Lemos Hoyos, doctora en Psicología, profesora e investigadora del Departamento de Psicología de la Universidad EAFIT.

Pero ¿cuáles han sido los problemas en estos tiempos? De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su informe 2020: un año desafiante para la salud mental, “casi mil millones de personas en el mundo viven con un trastorno mental. Cada 40 segundos, alguien muere por suicidio y ahora se reconoce que la depresión es una de las principales causas de enfermedad y discapacidad entre niños y adolescentes”.

En adición a esto, el reporte Salud mental en Colombia: una aproximación desde las estadísticas oficiales en el contexto de pandemia, del Departamento Nacional de Estadística (Dane), da cuenta de que en el país las mujeres reportaron más situaciones de cansancio, tristeza o dificultades para dormir y fue el sector de la población en el que hubo mayor tendencia a conversar con familiares y amistades sobre esos síntomas y a acudir a sus redes apoyo.

En contrapartida, los hombres presentaron más tasas de suicidio de manera sistemática en todos los grupos de edad y el segmento de 20 a 29 años fue en el que más se agruparon casos. De los suicidios reportados en Colombia durante el año 2020, un total de 654 casos, el 82,7% ocurrieron en hombres.

Por ello, han surgido estudios que abarcan temas relacionados con las ciencias del comportamiento, las nuevas formas de establecer relaciones interpersonales e impactos en el desarrollo cognitivo y profesional, entre otros. Además, tienen en cuenta segmentaciones como, por ejemplo, grupos poblacionales, países y género.

1. Los cambios en el comportamiento

A medida que ha ido avanzando la pandemia se han venido haciendo investigaciones que tienen como objeto estudiar la relación entre salud mental y comportamiento de las personas en los diferentes momentos de la emergencia sanitaria. Aquí, los Estudios del Comportamiento han sido clave.

En EAFIT, las investigaciones en este campo se adelantan alrededor de los temas referidos a la conducta, el lenguaje y las decisiones públicas, explica Adolfo Eslava Gómez, decano de la Escuela de Humanidades en su artículo Estudiar el comportamiento para transformar la sociedad de la edición 175 de esta misma revista.

Algunas investigaciones en el mundo han encontrado, de forma general, que las percepciones sobre el virus han cambiado con el tiempo, igual que los comportamientos. Por ejemplo, al principio de la contingencia las ideas sobre el coronavirus estaban relacionadas con el miedo y las personas tenían más prácticas de autocuidado. Asimismo, se halló que, pese a que ahora hay más adaptación, cuando surgen nuevas variantes, endurecimientos en las medidas de protección de cada país y asuntos relacionados con las vacunas, hay de nuevo modificaciones en las conductas.

“Los impactos en la salud mental y los comportamientos de quienes viven en un país que brinda subsidios en caso de que hayan perdido su empleo no son los mismos que tienen quienes están en países en los que las afectaciones económicas fueron devastadoras”, afirma Mariantonia Lemos. Adicionalmente, las investigaciones que se hacen en esta línea permiten que los gobiernos tomen decisiones a la hora de comunicar y promover actitudes de autocuidado.

De acuerdo con el Icare Study (una investigación a nivel mundial que nació para estudiar el COVID-19 y la salud mental, realizada por investigadores de diferentes países y liderado por el Montreal Behavioural Medicine Centre y del cual EAFIT hace parte), “la evolución de las políticas de salud pública basadas en el comportamiento se están implementando en todo el mundo. Sin embargo, la adherencia a las políticas de salud pública implica realizar cambios de comportamiento significativos que pueden conllevar importantes costos personales, sociales y económicos que pueden socavar su impacto”.

2. Back to: el regreso a donde estábamos antes

El colegio, la universidad y el trabajo, antes de la pandemia, eran comprendidos como espacios o entornos protectores, ya que en ellos las personas salían de su vida personal y familiar y convivían con otras que estaban haciendo sus mismas actividades: estudiando o trabajando.

No obstante, la pandemia sacó a la gente de esos espacios seguros e hizo que todas esas actividades se trasladaran al hogar, lo que hoy no es novedad, pero sí lo son las valoraciones positivas y negativas que se le está dando al retorno a esos entornos.

Una encuesta del Montreal Behavioural Medicine Centre indicó que, por ejemplo, para los canadienses, a pesar de que el regreso al colegio tiene efectos positivos en la salud mental de los niños por retomar su vida social y mejorar sus prácticas de aprendizaje, tienen miedo a que aumenten los casos por el contagio y ese ha venido siendo un motivo para no enviarlos a la escuela.

El miedo, en ese caso, es una respuesta normal al retorno, ya que las personas, así como estaban acostumbradas a esos espacios, ahora lo están a la casa. Ese es el denominado “síndrome de la cabaña”, término que se volvió popular para describir lo que ocurre con quienes ya no quieren salir de su hogar y volver a las rutinas de antes del confinamiento.

3. ¿Qué tan influenciable somos?

Los movimientos antivacunas en la última década han tomado fuerza. Incluso, las dudas sobre las vacunas (la renuencia o el rechazo) hacen parte de las 10 amenazas a la salud establecidas por la OMS. ¿Qué tiene que ver esto con salud mental?

“Estas corrientes plantean un gran interrogante: ¿qué tan influenciables somos?”, señala la profesora Mariantonia Lemos. Esta pregunta surge porque en estos grupos, que normalmente desvinculan la evidencia científica de sus planteamientos, no solo se traza la no-vacunación, sino que se promueve convencer a lo demás de su inconveniencia utilizando principalmente plataformas como las redes sociales.

En el artículo Predisposición para recibir la vacuna contra el COVID-19 en Paraguay: estudio exploratorio online, publicado en febrero de este año, se concluyó
que la principal razón de las personas encuestadas para no vacunarse fue la percepción de rapidez con la que se hicieron las vacunas y los efectos secundarios que puedan tener. Además, se sugirió que era necesario hacer campañas de comunicación en contra de las fake news. Pero esas conclusiones se pueden extrapolar fácilmente a otros lugares del mundo.

“Las vacunas contra el COVID-19 son seguras. Hay mitos como que son una improvisación, pero detrás de estas hay grandes esfuerzos de investigación. Desde su surgimiento en el siglo XVIII, las vacunas han traído beneficios para la humanidad y hoy se han creado de la mano de las nuevas tecnologías. Otro mito es que son peligrosas: la verdad es que producen inmunidad, previenen enfermedades o logran que den de forma leve, previenen más de 3 millones de muertes al año, tienen escasos eventos adversos y buscan la inmunidad colectiva”, explica el médico Marco González Agudelo, decano de la Escuela de Ciencias de la Salud de la Universidad Pontificia Bolivariana.

Él manifiesta que, si queremos terminar con la pandemia y evitar más muertes, es un acto de ética comunitaria la vacunación: es la forma de contribuir con la inmunidad colectiva y evitar complicaciones en nosotros mismos. También solicita a quienes tienen dudas buscar información con evidencia y ser cuidadosos con esta. “En febrero de 2021, en Google había 170 millones de publicaciones no técnicas sobre COVID-19 y vacunación, y en una base de datos rigurosa había 4.092 publicaciones técnicas. Eso significa que por cada 41.544 publicaciones no técnicas había una técnica”, anota el doctor González.

En esta línea aún hay pocos estudios, pero los que se están construyendo dan pistas de que habrá publicaciones sobre los efectos que puede producir en la salud mental la información proveniente de movimientos antivacunas. Por ahora, según la investigadora Lemos, queda otra pregunta: ¿cómo ayudamos a las personas para tener comportamientos positivos en salud?

4. Las nuevas formas de relación

El cierre de colegios, universidades, oficinas y sitios de encuentro generó impactos en la forma en la que las personas se relacionaban entre ellas y con su entorno,
y llevó a la creación de nuevas maneras de entablar relaciones, como los encuentros virtuales. Esto ocasionó un aumento en el tiempo invertido en un computador o en el celular y puso sobre la mesa un asunto: ¿cómo las personas empezaron a relacionarse con sus dispositivos?

El uso excesivo de equipos electrónicos puede generar “tecnoestrés”, que es el estrés producto de la utilización desacomedida de las tecnologías de la información y la comunicación. Este va de la mano de la “tecnofatiga” y su pronta identificación puede prevenir trastornos depresivos y ansiosos.

Además, la pandemia modificó las relaciones personales, no solo por no poder tener encuentros presenciales, sino por la convivencia familiar permanente, lo que puso en jaque numerosos vínculos sociales tradicionales.

“A raíz de la pandemia sucedió una especie de revolución vincular: hubo un primer momento en el cual saber que no podíamos ver a nadie generó un exceso de
vinculación virtual: videollamadas con la gente que antes veías. También, se empezó a hablar más con personas que antes se veían, pero no mantenían el diálogo cotidiano. La virtualidad pasó a ser primordial para estar conectado con el exterior y empezó a ser el único modo posible de comunicación”, explica la psicóloga Lorena Ruda en su texto Cómo la pandemia obligó a repensar las relaciones sociales, publicado por el medio Infobae.

Las condiciones en que se empezó a desarrollar el teletrabajo abieron otro campo de análisis que, aunque venía desde antes de la pandemia, se intensificó producto de su masificación repentina en esta emergencia.

5. Impactos en el desarrollo profesional y cognitivo

“Antes de la pandemia del COVID-19, el mundo ya estaba experimentando una crisis educativa. Y la crisis no estaba distribuida por igual: aquellos que viven en situación de mayor desventaja tienen un peor acceso a la escolaridad, mayores tasas de deserción escolar y mayores déficits de aprendizaje. La pandemia ya ha causado impactos profundos en la educación, desde el momento en que se cerraron las escuelas de todo el planeta en la mayor conmoción que hayamos experimentado de manera simultánea en nuestras vidas”, concluye el estudio COVID-19: Impacto en la educación y respuesta de política pública, realizado por el Grupo Banco Mundial.

De acuerdo con este, las consecuencias se presentan de forma diferencial según los grupos poblacionales, ya que no afecta en la misma medida a los niños (que reemplazaron los tableros por pantallas y que están alimentando su curva de aprendizaje) que a los adultos jóvenes que pueden estar terminando sus carreras profesionales. Sobre esta línea de investigación se ha avanzado en publicaciones y cuando se supere la pandemia surgirán más estudios en esta línea.

6. Secuelas del COVID-19 en la salud mental

En abril de 2021, la OMS agregó la salud mental en su guía para el manejo clínico del COVID-19. En ese documento recomendó brindar apoyo psicológico a pacientes con la enfermedad y establecerse vías de atención coordinadas a nivel nacional que puedan incluir a los proveedores de atención primaria –médicos
generales–, especialistas relevantes, profesionales de rehabilitación multidisciplinaria, salud mental, proveedores psicosociales y servicios de atención social.

Más allá de los impactos que puede tener el distanciamiento social, la incertidumbre por contraer la enfermedad y el confinamiento, el COVID-19 también trae consigo diversas consecuencias que afectan el bienestar mental. “Este virus apenas se está empezando a entender. Ya sabemos que no es solo una gripa y conocemos sobre sus secuelas físicas. Sin embargo, la evidencia muestra que hay personas a las que, después de haberlo tenido, les están dando ataques de pánico y cuadros de amnesia, por ejemplo”, manifiesta Mariantonia Lemos.

De acuerdo con la investigadora, de momento se están construyendo las investigaciones que estudian las secuelas en salud mental que deja esta enfermedad que, según el artículo Impacto de la COVID-19 sobre la salud mental de las personas, de José Hernández Rodríguez, miembro del Instituto Nacional de Endocrinología de Cuba, supera la depresión y ansiedad que se pueden producir por las medidas interpuestas por los gobiernos.

7. Los efectos de las normas sociales

Como parte del Icare Study se recopilaron datos para Colombia. Estos demostraron que conductas como el distanciamiento físico y el lavado de manos son más frecuentes en personas que reconocen su vulnerabilidad y que son conscientes de su salud y de las consecuencias del coronavirus. Ese sería un motivador para tener prácticas de autocuidado, así como cuidar del otro, lo cual se califica como un comportamiento prosocial.

En este caso, se da cuenta de modelos comportamentales que se adoptan analizando la cultura del país y permiten tomar decisiones para la contención del virus. Por ejemplo, en Colombia se promovieron campañas de comunicación en las que predominaban los mensajes de norma social, mientras en Inglaterra se construyeron basados en la rueda del cambio del comportamiento.

8. Investigaciones pos-COVID-19

Aunque aún la OMS no ha anunciado el cierre de la pandemia, la ciencia ya está conversando sobre los temas que abordarán las investigaciones cuando llegue ese momento. Algunas de ellas tratarán de responder cuestiones como: ¿qué seres son más resilientes que otros?

Asimismo, estudiarán los impactos cognitivos en niños, adolescentes y jóvenes, y ahondarán en los efectos del COVID-19 en la salud mental. Además, los pronósticos que surjan brindarán más temas de investigación a las ciencias sociales para solucionar, por ejemplo, cómo proteger la salud mental en situaciones de riesgo como las que generó esta enfermedad.

 

Investigaciones de EAFIT en salud mental

La Universidad, de la mano de investigadores de la Escuela de Humanidades y estudiantes miembros de semilleros, ha realizado seis investigaciones en esta materia. Los temas tienen que ver con los impactos que ha dejado el teletrabajo, la virtualidad en profesores universitarios, la teleasistencia en el bienestar, percepciones de la gente en las labores de teleasistencia, del propio COVID-19 en la salud mental y sobre los estereotipos sobre la salud mental afianzados o dejados en medio de la contingencia.

Un hallazgo interesante, entre los muchos encontrados, es que no hay diferencias significativas entre la experiencia de psicoasistencia presencial y virtual, pues para los pacientes lo más importante es que la consulta sea en un lugar íntimo y que haya custodia de los datos, escucha activa y buena conexión de internet.

Otra conclusión es que hay trastornos mentales más estigmatizados que otros, como la bipolaridad y la esquizofrenia, y hay unos que no porque las personas están más acostumbradas a escucharlos, como ocurre con la depresión y la ansiedad.

“Estos estudios son importantes porque la ciencia es un conocimiento confiable y una respuesta adecuada y pertinente para responder preguntas y mejorar la calidad de vida de las personas y de los propios sistemas de salud. Además, permiten tomar mejores decisiones en pro de la sociedad”, manifiesta Jonny Orejuela, jefe del Departamento de Psicología e investigador de la Universidad EAFIT.

 

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Generación y transferencia de conocimiento consciente y responsable

Universidad de los Niños

La curiosidad es una parte fundamental de la investigación. Por eso EAFIT está comprometida con potenciarla desde las edades más tempranas y, con ese propósito en mente, le dio vida a la Universidad de los Niños, un programa que promueve la apropiación social del conocimiento científico en niños y jóvenes.

​Como estudiante de pregrado puedes sumarte a esta experiencia siendo tallerista y acompañando a los participantes a indagar, explorar, descubrir e identificar nuevos intereses que aportarán a tu proceso de formación.

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Semiller​​os  

Si una de tus pasiones es la investigación, una manera de fortalecer este campo es vinculándote a alguno de los semilleros con los que cuenta la Universidad. Estas comunidades, al estar articuladas con grupos de investigación y centros de estudio e incidencia, serán tu puerta de entrada al mundo científico, al desarrollo y a la creación de soluciones para las problemáticas de la sociedad.

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En una Universidad que busca transformar la sociedad, es necesario que su sistema de investigación esté alineado con los principales retos de la humanidad. Y esta premisa se encuentra respaldada por el trabajo de sus más de 40 grupos de investigación en diferentes campos del saber, que se articulan con los semilleros y los programas de pregrado y posgrado, con las dinámicas de ciencia, tecnología e innovación; con una estructura física de vanguardia, el constante crecimiento de la producción científica y la entrega de soluciones pertinentes y aplicables a la sociedad. ​

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Los grupos estudiantiles se configuran como espacios que te posibilitarán el desarrollo de habilidades personales y profesionales por medio de la experiencia, la práctica y la aplicación de conocimientos, como un elemento diferenciador en tu proceso de formación.

​​Adicionalmente, esta configuración facilita la socialización e interacción, el liderazgo temprano y el sentido de pertenencia hacía la Institución. En resumen, son un escenario idóneo de aprendizaje y formación integral. En la actualidad unos 1.600 estudiantes hacen parte de estos grupos.

Conoce los grupos estudiantiles aquí​ ​​. 

Centros de estudio e incidencia  ​​​​
Gerencia y Empresa

A través de este Centro entendemos los problemas presentes y futuros de las empresas, y acompañamos a las organizaciones en la construcción de soluciones sostenibles para problemas complejos, y en la formación de su talento líder​.

Conoce el centro de gerencia y empresa.

Urbam 

Somos un ecosistema integrado de conocimiento, investigación y acción. Creamos entornos urbanos y rurales sostenibles y procuramos la transformación de territorios emergentes de alta complejidad en el contexto de la región tropical.​​

Conoce Urbam. 

Valor Público 

Somos un escenario de pensamiento, incidencia y acción para la comprensión y la transformación de problemas que requieren de intervención colectiva y decisión compartida: los asuntos públicos​.

Conoce valor público

Centro Humanista 

El Centro Humanista de nuestra Escuela de Artes y Humanidades tiene el propósito de ser lugar de convergencias de nuestras capacidades para la solución de problemas sociales y humanos. Es una instancia de saber aplicado que conversa con la realidad, la comprende e incide en su transformación mediante investigaciones aplicadas y consultorías en temas como la confianza, la integridad, la deliberación, los entornos digitales, la innovación educativa, la cultura y el comportamiento.​

Conoce el centro humanista

EA​FIT Socia​​l

Centro de acción y transformación. Somos un Centro que piensa y actúa en lo social, que fortalece las relaciones de la universidad con territorios y comunidades. Estamos y trabajamos con y por las organizaciones del tercer sector.

Conoce EAFIT social

Manifiesto

En esta universidad estamos convencidos del poder de la creación. Pero crear, para nosotros, no es solo convertir ideas abstractas en manifestaciones concretas. Sabemos que hay más:

Crear es el reflejo de nuestra capacidad humana para pensar con libertad, para retar los límites establecidos, encontrar soluciones innovadoras y creativas y conectarnos con nuestra esencia más profunda para desencadenar transformaciones significativas en la sociedad. Los creadores somos, después de todo, agentes de cambio.

Con este manifiesto declaramos nuestro amor por la creación, aceptamos con humildad nuestras limitaciones y abrazamos nuestro potencial con pasión y determinación para expandir los horizontes y ayudar a resolver los grandes desafíos planetarios.​

Los creadores de EAFIT

1. Tenemos miradas únicas y diversas que se complementan

Para nosotros, la creación es un campo de convergencia. Nos encanta que en esta universidad confluyan maneras de pensar tan heterogéneas, producto de la variedad de disciplinas del conocimiento que aquí se congregan

2. Somos audaces e inconformes

Así, miramos los retos desde múltiples ángulos, descubrimos el potencial que teníamos oculto y conquistamos logros que de otro modo parecerían imposibles.​

3. Tenemos un pie en el futuro

Porque nos anticipamos a los desafíos y a las oportunidades venideras para enfrentar, desde la ciencia y el humanismo, los retos de la sociedad.​

4. Somos sensibles

Nos conectamos con lo profundo, con la creatividad, la reflexión y la sutileza que habita en el mundo.​​

5. Amamos las preguntas

Porque son el motor del conocimiento, impulsándonos a cuestionar y explorar más allá de lo que conocemos.

6. Nos equivocamos

Al experimentar constantemente aprendemos de nuestros errores, ganamos experiencia y desarrollamos la resiliencia necesaria para enfrentar nuevos retos con mayor sabiduría y madurez.​

7. Creemos en el poder del asombro

Estamos abiertos a aprender de lo inesperado y, con curiosidad, interpelar nuestra comprensión del mundo.​

8. Lo hacemos posible

No nos quedamos con las ideas en la cabeza: las hacemos posibles. Solo a través de la acción y el movimiento se producen verdaderos cambios.​

9. Construimos con otros,

Valorando la diversidad de perspectivas que nos permite ampliar posibilidades creativas y poner nuestro conocimiento al servicio de la sociedad.​

10. Apreciamos el rigor

Con este reafirmamos nuestro compromiso con la excelencia, la ciencia y la innovación​. 

11. Transformamos y trascendemos

Porque estamos convencidos de que esta Universidad existe para transformar la sociedad. 

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