Jaime Uribe

John Jairo Vallejo

Jonathan Gómez

Las comunidades, con más conocimientos para salvar la bahía de Cartagena

Enero 26, 2022

Este lugar, orgullo de la nación y tesoro del turismo, se halla en estado crítico. Desde hace siete años, una investigación ofrece diagnósticos precisos que facilitan la toma de decisiones para mitigar los efectos de la contaminación y mejorar la calidad de vida de la gente a su alrededor.

Christian Alexander Martinez Guerrero, Comunicador de la Vicerrectoría de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad EAFIT.

Hay lugares que uno visita y queda con la sensación de no querer volver. Para mí, uno de esos fue Cartagena de Indias en diciembre de 2019. Aunque sé que hay desigualdades en todas partes, las que noté allá me impactaron mucho.

Hace poco volví por motivos laborales y hoy solo pienso cuánto me gustaría poder regresar para hacer trabajo con las comunidades, regresar para conocer más historias como la de Mirla Aaron Freite.

Tiene 51 años. Sus días comienzan bien temprano. Junto a “Popi”, su mamá, recibe a los vecinos con una taza caliente de café cerca de las cinco de la mañana. Ella es los oídos y la voz de sus vecinos.

Es una líder social y no hace falta ser muy astuto para adivinar que en sus venas corre algo más que sangre. En su mirada se le nota eso que hace pensar en un mejor futuro: la pasión y la ilusión. Quizá, esas dos palabras tambien podrían definir su vida.

Y es que no hay de otra. Pareciera que siempre sabe qué hacer y a quién acudir para resolver los problemas que rondan en su comunidad, una pequeña isla ubicada al sur del casco urbano de Cartagena con un tamaño similar al del municipio de Itagüí en Antioquia.

Ahí vive Mirla, esta líder social oriunda de Santa Marta, quien después de ir y venir por otros lugares de la costa Caribe colombiana decidió asentarse hace 25 años en este territorio donde se confunde la arena del mar con la tierra de sus calles sin pavimento.

Tiene dos hijos: un joven soñador que desde 2018 migró a Berlín (Alemania) y una chica trans que ha aprendido de su madre a hacer valer sus derechos.

Tierra Bomba es un lugar en medio del mar, pero sus casi 3500 habitantes no tienen servicio de agua potable. Allí, la oferta de empleo es casi nula, pero a todo el frente suyo se produce más de la mitad del producto interno bruto (PIB) del departamento de Bolívar, gracias al turismo.

En uno de los costados de su playa se bañan los niños en medio de las lanchas de sus padres y tíos, pero a unos 10 o 15 metros flotan pañales, mascarillas y muchas bolsas plásticas.

¿Cómo llegar a Tierra Bomba?

Esta es una de las preguntas sugeridas por Google y los resultados de la búsqueda normalmente muestran una realidad distinta a la que yo vi.

Ni aquello es mentira ni lo que les cuento es la verdad absoluta, pero definitivamente las monedas tienen dos caras y descubrir un poco estas dualidades fue, en sí, el objetivo de mi viaje.

En Tierra Bomba viven personas oriundas de diversas zonas del país, sobre todo de los departamentos cercanos.

También ha sido lugar de llegada de muchos migrantes venezolanos. Es un pueblo que vive fundamentalmente de actividades alrededor del turismo como la venta de comida, artesanías, servicio de masajes y de la pesca tradicional.

Como a todos, la pandemia los golpeó emocional y económicamente muy fuerte. “Prácticamente fue gracias a los pescadores que pudimos sobrevivir. Todos los días los esperábamos. Entre dos y tres pescaditos por familia. Nos ayudaron mucho”, recuerda Mirla sobre los días más cruentos del revolcón social que propinó ese agente casi invisible del cual aún hoy sentimos sus consecuencias..

La investigación es financiada por el Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo de Canadá. Es liderada por la Universidad EAFIT, con participación de las universidades de los Andes y de Cartagena, y el apoyo de la Corporación Autónoma Regional del Canal del Dique y la Fundación Hernán Echavarría Olózaga. Foto: Pixabay

 

Pero tanto antes como después del COVID-19, Tierra Bomba debe enfrentar desafíos de grandes magnitudes que, por su complejidad, no tienen una única solución.

Se trata de la alta contaminación de la bahía de Cartagena, la zona común de Tierra Bomba y las comunidades de Barú, Ararca, Caño del Oro, Bocachica, Punta Arena y Pasacaballos que hacen vida alrededor de este cuerpo hídrico.

Durante casi 500 años, esta ha sido el puerto principal del Caribe colombiano, conocido también como “Puerta del comercio de América”. Gracias a su ubicación geográfica, es un punto estratégico para el transporte de mercancías y el asentamiento de cientos de empresas.

Hasta hace apenas unas décadas se conservaba como uno de los ecosistemas más preciados del país, pero todo ha cambiado: hoy la bahía es un paciente que requiere cuidados intensivos y ojalá existieran métodos tan efectivos como una vacuna para resolverlo.

“He estado en proyectos europeos de alto nivel y este está exactamente al mismo nivel e incluso más arriba. La forma como acá se involucra a las comunidades es fantástico. Es algo que personalmente nunca vi”. Flávio Martins, investigador asociado al proyecto, Universidad de Algarve (Portugal).

Impactos en la política y empoderamiento social

A partir de los resultados de Basic, el Tribunal Administrativo de Bolívar falló el año pasado una demanda contra instituciones nacionales y locales, ministerios, Alcaldía de Cartagena e incluso la Armada Nacional.

Se ordenó la creación de un plan de recuperación urgente y se creó para este fin el Comité Ambiental Interinstitucional para el Manejo de la Bahía de Cartagena por parte del Ministerio de Ambiente.

En esta instancia se cuenta con la participación de diversos actores de sectores y por primera vez en la historia se incluyen habitantes de la zona. Una importante herramienta para ello fue un diplomado dirigido a 20 representantes institucionales y 40 ciudadanos.

Entre ellas, Mirla, quien además es alta consultiva de nivel nacional, Mujer ONU y estudiante de último año de Derecho.

“Basic no te da un pescado, sino que te enseña a pescar. Ser una líder exige tener este tipo de capacidades y realmente no las teníamos. Hoy podemos incidir, defender, apoyar y aportar a nuestras problemáticas”.

 

Con las capacitaciones a la comunidad y a instituciones, los habitantes de la ciudad tienen mayores herramientas para asumir la defensa de su territorio. Foto: Cortesía del proyecto.

Un futuro prominente

Hasta final del año 2023, el proyecto contará con una tercera fase para el desarrollo de alertas tempranas que permitan hacer pronósticos de eventos de contaminación.

Con esto se podrá generar información y conocimiento para las autoridades ambientales. También se espera seguir buscando recursos para su sostenibilidad y un
mayor impacto en las personas.

Definitivamente, esta iniciativa es un referente para países en desarrollo que enfrentan realidades similares y es reconocer, como dice Mirla, que en el trabajo en equipo se logran soluciones comunes y acertadas, “que detrás de la ciencia hay grandes seres humanos, personas que han entendido que no existe un conocimiento técnico que pueda ser absoluto si no encuentra una línea directa de conexión con los saberes y los desafíos que tienen las comunidades”.

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Jorge Elorza

Construcción de tejido social y productivo

¿Y cómo nos conectamos con las organizaciones? ​

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El planeta frente a la salud pública, nuevo horizonte de investigación

Enero 26, 2022

En los meses de confinamiento, el mundo se paró pero la naturaleza siguió su camino, se recuperó y tuvo un respiro. Ese alivio temporal fue un llamado para que la academia y los gobiernos le apuesten a mayor investigación y a fortalecer instrumentos políticos con enfoque socioambiental.

Jonathan Andrés Montoya, Periodista del Área de Información y Prensa de EAFIT.

Las imágenes le dieron la vuelta al mundo y se volvieron virales porque parecían sacadas de un capítulo de la Tierra sin humanos. Ciervos en las calles de Tokio, cabras montesas paseándose por Madrid, zorros en Londres y pumas en Santiago de Chile; fotografías satelitales que mostraban la disminución de gases sobre China o en el norte de Italia; el regreso de las aguas cristalinas a los canales de Venecia, ¡y con peces!, aeropuertos vacíos, ciudades sin turistas...

Así, a medida que la pandemia por COVID-19 se abría paso en el mundo, cerrando comercios, vaciando lugares emblemáticos y obligando a los diferentes gobiernos a dictar medidas de aislamiento y confinamiento, la naturaleza también fue reconquistando, durante esos meses, su terreno en las ciudades.

Matt McGrath, corresponsal de medio ambiente de la BBC, expresó en su momento que nunca antes en la historia de la humanidad, ni siquiera con las guerras o las recesiones económicas, el planeta había dado un respiro tan grande como el que se estaba viviendo.

Y no se equivocaba. El descenso de las emisiones de CO2 en la primera mitad de 2020, según Natural Climate Change, fue de 8.8 % (pero se redujo a un 6.5 % con las reaperturas progresivas); la caída de las emisiones de dióxido de nitrógeno fue de un 20 % en algunos de los países más golpeados por el coronavirus como China, Italia y Estados Unidos; y según la Agencia de Energía Internacional, en este mismo año, el mundo usó un 6 % menos de energía.

Sin embargo, este alivio no es suficiente, pues investigadores de la NASA y del Instituto de Oceanografía Scripps, de la Universidad de San Diego (Estados Unidos), advierten que para que el respiro planetario tenga mayores beneficios la reducción de emisiones de CO2 debe ser de un 10 % global sostenido y prolongado por al menos un año.

Se trata de una opinión a la que se suman Alejandro Álvarez Vanegas, docente de Cultura Ambiental de la Universidad EAFIT; Santiago Mejía Dugand, investigador del proyecto Peak-Urban EAFIT; y Paola Arias Gómez, investigadora de la Escuela Ambiental de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Antioquia, quienes coinciden en que es necesario tomar los aprendizajes recogidos hasta el momento y convertirlos en intereses investigativos para evitar un posible coletazo ambiental durante el proceso de reactivación económica.

Educación para el desarrollo sostenible

“Es evidente que durante la pandemia cayó el consumo de energía y hubo una disminución en la generación de emisiones o residuos, pero esto fue solo un momento valle. Ahora se espera que el sistema económico arranque con todo su poder y para tratar de recuperar el tiempo perdido no sería raro que volviéramos a los mismos niveles de contaminación de antes de la pandemia o, incluso, peores”, menciona Santiago Mejía, doctor en Gestión Ambiental de
la Universidad de Linkoping, en Suecia.

Para Alejandro Álvarez, las imágenes que le dieron la vuelta al mundo, con los animales y la naturaleza reapropiándose de sus espacios, aunque no dejan de ser llamativas por su belleza, no son indicadores de que efectivamente haya una regeneración en los ecosistemas o de un frenazo en el avance del cambio climático.

“Se necesita mucho más tiempo para dar una afirmación de este tipo. Por eso se hace tan importante no solo la investigación en este campo, sino la divulgación y apropiación del conocimiento derivado de esta, que se lleve a los procesos formativos de los estudiantes y genere una educación para el desarrollo sostenible”.

Los animales en las calle y diferentes especies reapropiándose de los espacios naturales durante la pandemia, no son un indicador que efectivamente demuestre que se haya producido una regeneración en los ecosistemas durante ese período. 

Foto: Róbinson Henao

 

Muy en línea con lo anterior, Paola Arias, quien fue una de las científicas que participó en la elaboración del más reciente informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), señala que los nuevos horizontes de la investigación ambiental deben ser inter y transdisiciplinarios, y con un alto componente social, especialmente en lo que tiene que ver con las interacciones entre ecosistemas y seres humanos.

“Los programas investigativos de la actualidad se dirigen, en su mayoría, a los sectores productivos, y las áreas sociales siempre están relegadas. Es necesario que el debate, los énfasis y los recursos sean también transversales a los derechos humanos, a los esfuerzos por cerrar las brechas de desigualdad, y a la construcción de una investigación socioambiental”, puntualiza.

Es ahí donde se hace necesario hacer un llamado a la academia para propiciar una investigación científica orientada no solo a mantener los beneficios temporales obtenidos durante la pandemia, sino también para potenciarlos y convertirlos en estrategias planetarias a largo plazo.

 

“No lograremos asegurar la salud humana mientras sigamos ignorando la salud ambiental”. Julian Blanc, experto en vida silvestre del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

 

Investigación bordeando los límites planetarios

Para Santiago Mejía el cambio debe ser inminente y apuntarle a un modelo de sostenibilidad donde las capacidades tecnológicas y los instrumentos políticos y económicos se articulen con los sistemas naturales y planetarios.

Hace 40 años, explica, las primeras discusiones sobre sostenibilidad ponían las esferas ambiental, social y económica intersectadas, y en una misma escala de importancia. A comienzos de la década del 2000 este concepto evolucionó frente a la pregunta de si, efectivamente, estos tres aspectos eran igual de importantes o si había un sistema al que se suscribían los demás.

“Se llegó a la conclusión, por ejemplo, que sin el plano ambiental no podría existir uno social o económico. Eso se tradujo en un modelo en el que la esfera ambiental era la más importante, dentro de esta estaba la social y, a su vez, esta última contenía la económica”, explica el académico.

Pero desde 2010, con el reconocimiento de que los recursos son finitos, el discurso dominante pasó a ser el de “límites planetarios”. Ahora el modelo contempla una primera esfera donde se ubican las necesidades básicas sociales insatisfechas, otro para los límites que estamos sobrepasando con el consumo de los recursos naturales, y un espacio seguro al que queremos aspirar todos, en un
balance perfecto entre lo social y lo ambiental.

Temas como el ozono estratosférico, el cambio climático, el agua fresca, el uso de los suelos, los aerosoles, los nutrientes de la tierra o el manejo de las sustancias químicas creadas por el ser humano, son algunos de esos límites planetarios que, en palabras de Santiago, deben estar presentes las investigaciones ambientales.

“Somos una especie con capacidad de adaptación, computación y raciocinio. El reto es usar esa tecnología artificial y hacerla compatible con los servicios ecosistémicos. Solo por poner un ejemplo, podemos crear plantas para purificar el agua, pero eso ya lo hace la naturaleza misma con su ciclo, y es necesario reconocer y proteger esos beneficios”.

Y esto se conecta, para Santiago, con otras de las variables que hay que tener en cuenta en la investigación socioambiental.

Una de estas se debe centrar en el uso de la tierra, aprendiendo de los sistemas naturales existentes y pensando “un campo agronómico inteligente, conectado con la natura-
leza, el manejo del agua, la ganadería sostenible, los amarres para evitar la erosión, la renovación de nutrientes y la protección de ecosistemas claves, como los humedales”.

Justamente sobre los ecosistemas afirma que ahora hay cambio de enfoque, pues no solo se trata de mantenerlos, sino también de ayudar a regenerarlos.

 

Viene la ola de la crisis climática

Como un Tsunami, así describe Paola Arias Gómez la situación actual del planeta. Y es que la académica, quien hizo parte del reciente informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), afirma que tras la ola del COVID-19 se viene una mayor: la de los efectos de la crisis climática.

“Una de las conclusiones de este informe manifiesta que es inequívoco que el daño que estamos causando al planeta se debe a las actividades humanas y eso es sentar un precedente muy importante. Es la primera vez que estamos admitiendo nuestra responsabilidad”, comenta la investigadora de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Antioquia.

Para Paola Arias, ese es otro de los puntos donde de deben centrar las líneas de investigación ambiental: en la mitigación de los efectos climáticos. “Estamos muy cerca de subir a los 1.5 grados centígrados de temperatura que tenemos como límite en el Acuerdo de París y, una vez allí, el cambio será irreversible”, apunta.

La científica señala que, aunque el aumento del nivel de los océanos continuará por varios siglos más, y se presentarán eventos extremos, desde ahora se pueden adelantar acciones para cambiar el futuro. “La pandemia nos mostró que es posible
generar cambios y si bien nos falta mucho es satisfactorio ver que hay una voluntad por cambiar la realidad actual”, concluye.

 

Las ciudades y el campo

Como investigador del proyecto Peak-Urban, iniciativa en la que cuatro universidades de Colombia, India, Reino Unido y Sudáfrica unen esfuerzos para analizar y solucionar las principales problemáticas de las ciudades de países en desarrollo, Santiago Mejía Dugand reconoce que otro de los frentes investigativos debe estar centrado, precisamente, en las ciudades.

“Solucionar los problemas de la gente que no tiene sus necesidades satisfechas en los niveles básicos tendría un impacto muy positivo en el medio ambiente. Desde Peak hemos visto que mucha de la degradación e invasión de zonas naturales que prestan amortiguación se debe a que la
gente tiene que solucionar sus problemas básicos: ponerse un techo encima, estar cerca de lugares con vida comercial, comer o usar el agua”.

Y agrega que mejorar las condiciones de esas zonas también debe contemplar la ruralidad, pues ninguna política o investigación que quiera beneficiar a la ciudad puede ignorar al campo como su principal proveedor.

 

Hoy, las ciudades están igual o más congestionadas que antes.

Foto: Róbinson Henao

 

No hay salud humana sin salud ambiental

Además de las líneas mencionadas, para Alejandro Álvarez también es importante que en el futuro de la investigación se centre la mirada en dos conceptos emergentes: el de salud planetaria y el de One health approach.

Sobre la primera de estas aproximaciones explica que está enfocada en mostrar cómo la salud del planeta se refleja en la salud humana. Todo esto con el apoyo de The Lancet Comission on Pollution and Health, desde la que se han venido analizando los efectos de la contaminación en las personas.

El Informe de la Comisión Lancet COVID-19, encabezado por Jeffrey Sachs y en el que participaron 26 expertos de diferentes países, entre ellos Alejandro Gaviria, exrector de la Universidad de Los Andes, fue presentado en la sesión 75 de la Asamblea de las Naciones Unidas, y su propósito fue ofrecer soluciones globales, equitativas y duraderas para la pandemia desde un enfoque humanitario y ambiental.

En lo humanitario, por ejemplo, reconoce la necesidad de superar la pobreza, el hambre y las perturbaciones a la salud mental derivadas de esta coyuntura mundial, mientras que en el segundo ítem llama la atención sobre la necesidad de reactivar la economía mundial de una forma incluyente, resiliente, sostenible y, sobre todo, alineada con los objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo Climático de París.

“Mucho se ha hablado de que la reactivación tiene que ser verde, pero en el afán de acelerar estos procesos se puede generar más daño. Hay evidencia, por ejemplo, de que la degradación de los ecosistemas incrementa el riesgo de nuevas enfermedades e infecciones zoonóticas, y esto es un ejemplo de cómo se entrelazan lo ambiental y la salud pública”, expresa Alejandro Álvarez.

En línea con lo anterior, el One health approach propone entender la salud humana, animal y ambiental desde un enfoque transversal, con programas, políticas, legislación, investigación y el trabajo conjunto de diferentes sectores para lograr mejores resultados en la salud pública.

Julian Blanc, experto en vida silvestre del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), expresa que esto se basa en el hecho de que la salud humana y la salud animal son interdependientes y están vinculadas a la salud de los ecosistemas en los que coexisten. “No pueden separarse y los tres necesitan atención urgente. Muchas enfermedades zoonóticas que se han convertido en pandemias se han relacionado con factores ambientales como la deforestación y se ven agravadas por el cambio climático. No lograremos asegurar la salud humana mientras sigamos ignorando la salud ambiental”.

 

Capacitaciones a multiplicadores: docentes y periodistas

Uno de los grandes retos que señala el profesor Alejandro Álvarez Vanegas, docente de Cultura Ambiental de EAFIT, es el de la divulgación y la apropiación del conocimiento generado en los proyectos de investigación y en las diferentes iniciativas en materia ambiental. Por eso, menciona dos procesos universitarios que buscan responder a esta necesidad.

Una es el diplomado en Emergencia Climática para periodistas de Colombia, que está en su segunda edición, y es posible gracias a una alianza entre la Gobernación de Antioquia, EAFIT, las universidades Nacional de Colombia y de Antioquia, Grupo Éxito, ISA, Hotel San Fernando Plaza, Teleantioquia y el Club de la Prensa de Medellín.

El otro es un proyecto para el fortalecimiento de capacidades docentes en temas de educación para el Desarrollo Sostenible, financiado por el Servicio Alemán de Intercambio Académico con la participación de EAFIT, la Universidad de Antioquia, la Universidad Técnica del Norte (Ecuador), y la Universidad de Vechta (Alemania).

 

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Cuidar la economía para una reactivación estructural

Enero 26, 2022

La pandemia profundizó temas que estaban pendientes en la agenda económica mundial y trajo nuevos retos para reconstruir el tejido empresarial, comprender el futuro de las empresas y, sobre todo, proteger el empleo de las personas más vulnerables.

Diana Milena Ramìrez, Colaboradora Revista Universidad EAFIT.

Aunque todavía perturbados por lo que ha significado la aparición de la pandemia mundial en el año 2020, estudios, tendencias, debates y análisis intentan alumbrar el camino para curar la economía. Los efectos son devastadores y se han sentido con fuerza en miles de empresas y en millones de empleos, sobre todo entre las poblaciones más vulnerables. La situación ha removido también los focos de interés de la investigación.

No es simple pesimismo. Mientras los gobiernos, con mayores déficit presupuestales y niveles de deuda más elevados, se mantienen en una lucha desigual por cuidar la salud de los ciudadanos y se retan a reactivar sus economías y procurar que se recuperen, los efectos del COVID-19 son reales y profundos, como lo han empezado a evidenciar los diagnósticos que han emergido durante este 2021.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), que prevé un crecimiento económico de 6 % para finales de 2021, luego de una contracción de -3,5% el año pasado, se ha mostrado preocupado porque se han ahondado las brechas mundiales entre las economías avanzadas y las emergentes, en razón de que la recuperación se ha dado en medio de una distribución desigual de las vacunas.

Bajo un escenario de mayor desigualdad, para los expertos es claro que el crecimiento económico global no será el único factor que determine la recomposición de los mercados y el bienestar de las personas.

Eso lo cree la academia y se ha registrado en análisis de prospectiva como El futuro de la sostenibilidad en las empresas, de Forética y el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible. “El grado en el que el bienestar y la estabilidad social dependen actualmente del crecimiento económico constante se ha convertido en una fuente de vulnerabilidad ante la pandemia del COVID-19”, señala el estudio.

Las investigaciones sobre la pobreza y la desigualdad, que antes de la nueva realidad mundial eran importantes, hoy tienen un mayor relieve. La razón, en el caso de los esfuerzos por poner fin la pobreza, es que esta lucha también tuvo un revés. La pandemia generó 124 millones de nuevos pobres en 2020, según  el Banco Mundial.

“Con la pandemia se acentuaron estos temas. En países como el nuestro o como Chile, en que las condiciones no eran las mejores, ese debate resurge con fuerza, aunado a la protesta social, por lo que se muestran como un tema de investigación interesante en torno a lo que es la desigualdad de la renta”, expresa Mauricio López, coordinador del Grupo de Macroeconomía Aplicada de la Universidad de Antioquia (U. de A.).

El empleo vulnerable

Otro asunto que suscita interés, al mismo tiempo que preocupación, es el futuro del empleo. Se necesitan luces para la recuperación de puestos de trabajo para los grupos de población que ya venían con problemas antes de la llegada del virus.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha calificado el fenómeno de 2020 como “una disrupción sin precedentes en el mercado laboral”, pese a las medidas inmediatas de gobiernos, gremios y empleadores por preservar los puestos de trabajo y los ingresos de las personas.

“Si bien es cierto que estas medidas han sido esenciales para mitigar la crisis, todos los países han sufrido un pronunciado deterioro del empleo y de los ingresos nacionales, lo cual ha acentuado las desigualdades existentes y ahora se corre el riesgo de perjudicar de forma duradera a los trabajadores y a las empresas”, señala su informe de perspectivas para el empleo en 2021.

De acuerdo con este organismo, esta situación llevará a que en 2022 haya 205 millones de personas sin trabajo, cuando en 2019 esta cifra, que ya presentaba un déficit amplio, era de 187 millones.

Hoy tienen alta relevancia las investigaciones sobre pobreza y desigualdad, las cuales se agravaron por los confinamientos y los efectos de los cierres de empresas y negocios por la pandemia.

Foto: Róbinson Henao

 

“Toda la temática de empleo se desatendió. Quisimos salvar el existente y no moldear el del futuro. Por eso mantienen relevancia asuntos como las brechas de género, el desempleo juvenil y la situación laboral en general”, apunta Giovanni Montoya, catedrático de economía, finanzas y estrategia en la Universidad Católica de Chile y en otras universidades en Colombia. En el caso de los jóvenes, se señala que no solo es importante seguir estudiando las elevadas tasas de desocupación, sino los impactos en cuanto a la formación y la posibilidad de que esta población pueda acceder a su primer empleo.

“El inconveniente es que parte de los jóvenes sin formación académica o con poca formación vieron afectadas sus habilidades de trabajo en equipo y de expresión. La misma rectora de EAFIT, Claudia Restrepo Montoya, mencionaba que ello se vio en los resultados de las pruebas de Estado. Eso va a ser un inconveniente para que puedan incrustarse en el tejido empresarial”, dice Óscar Medina Arango, profesor del Departamento de Organización y Gerencia de la Universidad EAFIT.

De otro lado, la brecha de género, que en los últimos años ha cobrado bastante relevancia en los análisis, también se mantiene como un tema central de investigación, pero con un ingrediente adicional: el temor de que lo logrado para alcanzar la paridad se haya perdido.

Los constantes estudios sobre el empleo que se conocieron en 2020 mostraron una tendencia a que miles de mujeres en el mundo abandonaran sus empleos remunerados para dedicarse a las tareas del hogar, y ello se vio de manera paulatina en las crecientes tasas de desempleo de esta población.

En Colombia, por ejemplo, la tasa de desempleo de las mujeres en julio de 2021 fue de 26,2%, según el Departamento Nacional de Estadística (Dane); 10 puntos porcentuales por encima de la tasa registrada en los hombres, cuando en 2019 la brecha era casi de la mitad.

“La deslocalización del empleo puede incidir negativamente en que se amplíen las diferencias de los salarios entre hombres y mujeres, ampliando las brechas de género”. Óscar Medina Arango, profesor del Departamento de Organización y Gerencia de la Universidad EAFIT.

Empleo en personas vulnerables

Por su parte, también se requiere conocer el impacto sobre los trabajadores informales (en que es común encontrar migrantes, víctimas de la violencia y otras poblaciones vulnerables), que no solo vieron disminuidos sus ingresos como consecuencia de los confinamientos, sino que se presume tuvieron mayor afectación por el virus, dado que su actividad les impedía permanecer en el hogar.

“En América Latina son más fuertes los temas del mercado laboral y la informalidad. Preocupa bastante porque si bien antes eran importantes, con la pandemia nos dimos cuenta de que su relevancia es mayor como un tema determinante de la pobreza”, analiza el director del Grupo de Macroeconomía Aplicada de la U. de A.

Respecto a los empleos no calificados, hay inquietud de qué tanto la digitalización y la exigencia de nuevas competencias logrará que se mantengan enganchados o recuperen el empleo perdido. Si el Foro Económico Mundial había advertido que la desaparición de puestos de trabajo sería profunda en pocos años, lo que estiman los académicos es que el nuevo panorama mundial no hizo más que acelerar esta transformación.

“Como debates que emergieron con la pandemia se tiene el tema de la automatización y profesiones que están en riesgo de continuar en un futuro cercano. Urge estudiar más cuáles serían los empleos que se van a perder o van a ganar más fuerza a futuro”, añade el profesor Mauricio López.

La deslocalización del trabajo

Otro fenómeno que se ha acentuado en los últimos meses es la deslocalización del empleo, es decir, la afectación por la decisión de las empresas de trasladar su producción, buscando abaratar costos de producción.

De acuerdo con el profesor Óscar Medina Arango, de EAFIT, se estaba generando antes de la pandemia, pero hoy se está viendo incluso en economías emergentes y ya no por países o por estados, como ocurría en Estados Unidos, sino por regiones. “Se va a generar un desplazamiento de trabajos hacia otras partes que antes se limitaba a los centros de servicio al cliente o los centros médicos”, señala.

Asimismo, considera que la deslocalización puede incidir negativamente en que se amplíen las diferencias de los salarios entre hombres y mujeres. “En Estados Unidos, Francia, Países Bajos y Austria se estaba impulsando la publicación de los salarios, por los diferentes tipos de trabajo y los que se pagaban entre hombres y mujeres. Lo que ha ocurrido, por ejemplo en Estados Unidos, es que la medida ha hecho que algunas compañías dejen de contratar personas de los estados que
lo han exigido, y lo dicen abiertamente”, añade el profesor Medina Arango.

La filosofía empresarial deberá tener en cuenta también las discusiones sobre la productividad y el equilibrio con el bienestar y la salud de las personas. “Ahora, cuando la pandemia se empieza a acabar y la mayoría de la gente está vacunada, muchos probablemente no van a regresar a la empresa. El fenómeno se está viendo en Estados Unidos, en donde se prevé que varias industrias y sectores tendrán dificultades para reenganchar al personal, lo que puede generar que se suban los costos”, dice Luis Fernando Mondragón, profesor de la maestría de Administración Financiera y de la maestría en Gerencia de Proyectos de EAFIT.

El futuro de las empresas

Respecto a la situación de las empresas y la recomposición del tejido empresarial, además de los estímulos que se puedan generar desde el Estado, han emergido necesidades de estudiar los enfoques estratégicos en un contexto tan cambiante, las nuevas formas de producción, la orientación hacia el nuevo consumidor y la adaptación general a este escenario de mercado.

Mondragón dice que las empresas hoy se están preguntando qué hacer con su estrategia corporativa, ya que esta se desbarató con la coyuntura. “Las proyecciones que se tenían a cinco años desaparecieron. Hay una profunda
demanda para trabajar sobre el nuevo futuro y los nuevos escenarios para replantear la estrategia de los negocios.

Ello ocurre porque cambiaron las tres bases de la estrategia: mercados, productos y empresas”, señala. Así como las formas de trabajo plantean nuevos paradigmas acerca de la productividad, también hay debates sobre si es necesario que las empresas se enfoquen más en ser resilientes que eficientes, como una forma de ser sostenibles.

 

Hoy tienen alta relevancia las investigaciones sobre pobreza y desigualdad, las cuales se agravaron por los confinamientos y los efectos de los cierres de empresas y negocios por la pandemia.

Foto: Róbinson Henao

 

De hecho, se espera que las investigaciones contribuyan a mostrar casos de éxito en aquellas industrias que se adaptaron con rapidez a la adversidad. Si bien es cierto que la COVID-19 resintió a casi todos los sectores, las empresas también mostraron una capacidad de adaptación que se debe considerar en el nuevo entorno.

“La pandemia ha revelado la rapidez y contundencia con la que administraciones, empresas y sociedad pueden actuar cuando se percibe que existe una emergencia real. Debemos reconocer que no hemos visto unos niveles de adopción de medidas semejantes en lo que atañe a desafíos como el cambio climático, la biodiversidad y la desigualdad”, dice el estudio de prospectiva de Forética y el Consejo Empresarial Mundial para la Sostenibilidad.

Transformación digital

La industria 4.0 también se mantiene como un aspecto relevante de los estudios académicos en este período de pandemia, tanto para entender la adaptación a la tecnología como en la comprensión de la adopción acelerada por los confinamientos.

De la incorporación de machine learning, blockchane, data science, robótica y todos los temas de la Cuarta Revolución Industrial, llaman la atención los efectos que tendrán en las profesiones, como se mencionó, y las brechas que puede generar entre países con economías desarrolladas frente a las emergentes.

“La cuestión es cómo los países van a la par con las tendencias mundiales, a la luz de los desarrollos tecnológicos, teniendo en cuenta que están cambiando la forma de hacer las cosas, con un efecto inmediato en la calidad de vida. Lo que veo es que habrá más separación entre las economías desarrolladas y las emergentes; los nuestros seguirán siendo más lentos en la adopción de estas tecnologías y muy dependientes de las materias primas”, asegura el profesor Mondragón.

La reconfiguración de la empresa también tendrá que atender las nuevas prioridades de los mercados. Se cree que los consumidores han llegado a un nivel de consciencia importante sobre lo fundamental, como lo mostraron las firmas consultoras durante 2020 y que se mantiene como tendencia, pese a la apertura de las economías.

Las nuevas perspectivas y las conclusiones que emerjan de estas, en conjunto o por separado, podrán aportar a que se genere en el diálogo social y la cooperación internacional en que se enfocan los llamados para trabajar desde diferentes esferas para que los efectos de la pandemia sobre la economía no afecten más el empleo vulnerable ni a las propias empresas.

 

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